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Tener un hijo con problemas
7 octubre, 2015
Estilo de vida

Tener un hijo con problemas


Vivimos en la sociedad del siglo XXI donde prima el ideal de la cultura en búsqueda permanente con la satisfacción narcisista. Estamos bombardeados constantemente por “imágenes ideales” en la TV, internet…que reflejan la ilusión de completud como parapeto frente a la angustia ante las limitaciones humanas.

Aquel que se opone a esta imagen saldrá de la rueda que le llevará al éxito proclaman y la condena social aparece como manifestación de una defensa frente a la angustia de castración, que pone en peligro la ilusión grupal.

Cuando unos padres se enfrentan a un hijo con problemas con o sin diagnóstico médico, surgen muchas preocupaciones alrededor del mismo. Angustias en relación también, al contexto social en el que vivimos. Que les lleva a enfrentarse a su propia mirada, a la de los familiares, amigos, vecinos y profesores. Y por tanto, enfrentarse a la vivencia de su propia limitación, a su vivencia narcisista herida.
Es importante que los profesionales podamos abrir vías de comunicación y espacios para reflexionar sobre este tema con los padres y poder recoger las angustias y poder poner nombre a las mismas sin culpa.

Se trata de transmitirles que el futuro de nadie está escrito. Y que cada individuo se forjará su propio futuro de acuerdo a sus posibilidades y al espacio suficientemente bueno que ellos como padres puedan ofrecerle.

Y no se trata de un vacío de lugar, sino un vacío en un lugar preciso. De esta manera se evitarán niños-títeres jugados por sus padres o los profesionales, programados para hacerlo “lo más parecido posible a los que no tienen determinada discapacidad o problema o estar más cerca de lo socialmente admirable y mientras, vamos jugando todos, familias y profesionales a no enterarnos, y nos encontramos en edades más avanzadas a niños sin creación propia y sin pasión por descubrir algo nuevo, ni por vivir la vida con todos sus sinsabores. Niños indiferenciados, porque en la diferencia parece estar la falta.
¿Cómo podemos contribuir como profesionales a que esto no ocurra?

Debemos reflexionar mucho sobre cómo ayudar a las familias y al niño a ir descubriendo pistas que le ayuden a encontrar su propio lugar, su propio deseo de mejorar, lo que le permitirá aprovechar mejor todos sus potenciales.

Los padres tendrán más probabilidades de dejar un lugar vacío en la historia de su hijo, si cuando acudan a nosotros como profesionales no nos limitamos a rellenar ese lugar con recetas sobre lo que le hace falta a ese niño o a esos padres. Se tratará pues de poder soportar la angustia del vacío. Y transmitirles que el profesional también está en falta y no es ominipotente, que no lo sabe todo, sino que juntos podemos abrir caminos para la cura de ese niño, cura que le llevará a ser sujeto de su propia vida.
SABER QUÉ HACER CON TODO LO QUE SABE, CÓMO Y CUÁNDO UTILIZARLO PARA DIRIGIR LA CURA A TRAVES DE LA RELACIÓN DESPLEGADA POR LOS PADRES, JUGANDO CON EL HIJO, HACIA EL SURGIMIENTO DE UN SUJETO DE DESEO, ES DECIR, QUE SI DESEA ES PORQUE LE FALTA ALGO Y NO PORQUE GRACIAS AL AMOR SE LE HA PRETENDIDO DAR TODO PARA SUPLIR SU LIMITACIÓN.

Nazaret Grijalba Mazo

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