TERAPIA
ADULTOS
Hay momentos en los que dejamos de reconocernos
No siempre sabemos cuándo comenzó el malestar.
A veces aparece tras una pérdida, una separación, un accidente o una enfermedad. Otras veces se instala poco a poco, hasta que un día sentimos que vivimos con ansiedad, tristeza, irritabilidad o una sensación persistente de vacío.
En ocasiones el sufrimiento se expresa en el cuerpo, en las relaciones o en la dificultad para disfrutar de aquello que antes daba sentido a la vida.
La terapia te ofrece un espacio para comprender qué está ocurriendo, descubrir el significado de ese malestar y favorecer una forma diferente de relacionarte contigo mismo y con los demás produciendo cambios profundos y duraderos.
¿EN QUÉ PUEDE AYUDARTE?
Cuando la ansiedad ocupa demasiado espacio
La ansiedad puede aparecer como preocupación constante, miedo, bloqueos, insomnio o una sensación de estar siempre en alerta. En ocasiones surge tras una situación concreta; otras veces parece no tener una causa clara. Comprender qué expresa esa ansiedad es el primer paso para recuperar el equilibrio.
Cuando la tristeza no desaparece
Cuando una pérdida cambia nuestra vida
El fallecimiento de un ser querido, una separación, la pérdida de un proyecto o cualquier cambio importante pueden desencadenar un proceso de duelo. Cuando ese dolor queda detenido o resulta difícil de elaborar, puede seguir condicionando la vida mucho tiempo después.
Cuando el cuerpo expresa lo que cuesta poner en palabras
Cuando atravesamos una crisis vital
Cuando una experiencia traumática sigue presente
Un accidente, una agresión, una enfermedad grave o cualquier situación vivida como amenazante puede dejar una huella que permanece activa incluso cuando el peligro ya ha pasado. La terapia ayuda a comprender cómo esa experiencia sigue influyendo en el presente y a recuperar una sensación de seguridad.
Cuando las relaciones se convierten en fuente de sufrimiento
Conflictos laborales, de pareja, familiares o relaciones que parecen repetirse una y otra vez pueden generar un profundo malestar. Comprender cómo construimos nuestros vínculos permite desarrollar formas más libres y satisfactorias de relacionarnos con los demás.
Cuando cuesta reconocer el propio valor
La inseguridad, la excesiva autoexigencia, la necesidad constante de aprobación o la dificultad para poner límites suelen afectar a la autoestima y a la manera de afrontar la vida.
Cuando siempre ocurre lo mismo
Algunas personas sienten que repiten una y otra vez los mismos conflictos: relaciones similares, dificultades laborales, sentimientos de fracaso o formas de reaccionar que no consiguen cambiar.
La terapia ayuda a comprender por qué estas repeticiones aparecen y cómo pueden transformarse.
¿Cómo entiendo la terapia?
Creo que cada persona posee una historia única que merece ser comprendida.
Mi forma de trabajar parte de la idea de que el sufrimiento no aparece por casualidad. Muchas veces expresa conflictos, experiencias o formas de relación que se han ido construyendo a lo largo de la vida y que permanecen activas sin que seamos plenamente conscientes de ello.
La ansiedad, el insomnio, la tristeza, las dificultades en las relaciones o determinados síntomas físicos no definen a la persona. Con frecuencia son la expresión de un malestar más profundo que necesita ser comprendido.
La terapia no consiste únicamente en aliviar síntomas. Es un proceso de comprensión que permite descubrir nuevas maneras de sentir, pensar y relacionarse con uno mismo y con los demás.
Trabajo desde una perspectiva psicoanalítica contemporánea, adaptando cada tratamiento a las necesidades y características de cada persona, en un espacio de escucha, confianza y respeto.
Detrás de cada síntoma hay una historia
Mi trabajo consiste en ayudarte a descubrir el sentido de ese sufrimiento para que puedas recuperar una mayor libertad en la forma de vivir, sentir y relacionarte.
Psicología en Logroño
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